15 Octubre, 2009 (0) Imprimir

Factor de construcción de imagen

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Llegando a las instancias decisivas de la tercera edición del Premio Chile Diseño, resulta interesante revisar algunos de los casos premiados en la versión 2007 de este certamen organizado por la Asociación Chilena de Empresas de Diseño, QVID.

Como señalamos en notas anteriores, el diseño chileno ha mostrado generar aplicaciones que agregan valor a los negocios en los más diversos rubros de la actividad empresarial.

Y eso es algo que el concurso de QVID busca destacar.

Es así que, por ejemplo, en la categoría de espacios interiores institucionales, el proyecto ganador del 2007 fue el de las sucursales de Movistar, realizado para esa compañía por un equipo de diseñadores integrado por Marcial Cortes-Monroy, Juan Court, Cristian Morales, Verónica Diaz, José Mujica, Pablo Sovino y Francisco Peñaloza, todos de la oficina Árbol de Color.

Dentro del desarrollo de imagen corporativa aplicada a los puntos de venta y centros de experiencia de Movistar –que la mencionada empresa de diseño tiene a su cargo desde 2005–, durante 2007 se desarrolló sucursal La Dehesa, que refleja la maduración de un modelo creado para la aplicación de arquitectura e interiorismo.

En ella, la concepción de espacios, su materialidad, iluminación, mobiliario y señalización están orientados a ofrecer al usuario, en su aproximación al producto, una percepción de innovación, actualidad, colaboración y orden de la experiencia de compra, contribuyendo a la creación de valor de marca.

Se destaca en este proyecto la aplicación de comunicación gráfica a la arquitectura y mobiliario como parte de la solución de espacios, así como el diseño de iluminación que replantea el uso, la forma y el origen de la luz en beneficio de la atmósfera y su identidad.

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Otra categoría que suele tener propuestas de interés es la de envases y embalajes. En ella, el proyecto ganador fue el de Vino Rivalta, desarrollado para la viña Santa Ema por Matías del Río y Fanny Hoffenger, de la oficina Del Río Diseño, experimentada en el rubro del diseño asociado al packaging de vino.

Se trató éste de un proyecto bien especial para el mandante, pues incluyó tanto el embalaje así como toda la imagen de un vino icono de esta prestigiosa viña, orientado principalmente al ercado de Estados Unidos.

En este caso, se decidió trabajar los elementos involucrados de modo minimalista pero destacando algunos recursos gráficos atractivos como la evocación a los sellos de valor, numeración manual, el nombre de la viña destacado aparte con una placa metálica en la base de la botella, sumado a una distribución innovadora de los elementos, todo lo cual permite la correcta diferenciación para un producto excepcional.





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