Inspiración y tendencias
La evolución de un gran diseñador
Al recibir el Premio a la Trayectoria, en la ceremonia de los Premios Chile Diseño de este año, pensó que era bueno que se lo dieran, aunque a su juicio él ya no estaba haciendo diseño. Sin embargo, al revisar toda esa trayectoria, se da cuenta que nunca ha dejado de hacer diseño.
En la actualidad, Mario Fonseca está encargado de la museografía de las antiguas oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura, que constituyen 25 hectáreas de museo al aire libre, en un predio de 2.000 hectáreas.
Lo que él debe hacer es determinar los contenidos y prepararlos. Establecer dónde se requiere una foto, qué debe ir en tal o cual lugar, escribir instrucciones, dibujar planos y luego controlar lo que hacen con ello diseñadores y arquitectos.
Debe encargarse también de que el visitante se encuentre con algo fluido, controlando por ejemplo las tipografías. Eso lo puede hacer porque ha pasado por el diseño y eso es algo que le permite la profesión, sin haber hecho “monos” desde hace un buen tiempo.
La creación de imágenes, especialmente de logotipos, ha identificado en gran medida la carrera de este diseñador, que ha pasado por la publicidad, el trabajo editorial, la comunicación estratégica y otras tareas afines, tanto como profesional independiente como desde una posición de empresario.
Admite que los logos son lo que más le gusta, por la capacidad de síntesis que deben tener. Lo que resulta de los logos puede llenarlo de orgullo, por la forma potente en que puede llegar a funcionar. “Los logos son como los haikus, porque concentran mucha energía”, comenta.
Y su satisfacción por un buen logo va más allá de que a veces un nuevo gerente cambie todo y lo haga desaparecer. “Muchos logos que eran espectaculares ya no existen”, señala, y aclara que el logo no puede decirlo todo y eso hay que decírselo al cliente, recordando muy especialmente aquel que hizo para la firma Cape Horn Methanol, instalada en Magallanes, y para el cual le encargaban que apareciera el Cabo de Hornos.
Buscando la forma de incluirlo sin dibujarlo, porque podría parecer un error de imprenta, resolvió trabajar con la sigla CHM, cambiando la orientación de la M, resultando un logo muy interesante y bien aceptado por el cliente, quien además lo felicitó por “lo mucho que sabía”, pues la combinación CH3 es parte fundamental de la fórmula del metanol.
Asegura que un logo puede decir mucho, pero si la empresa no hace bien su trabajo, no hay logo que la salve. “La svástica fue un símbolo milenario en la India que decía muchas cosas, pero bastó un tipo que la usó mal para que se perdiera todo su significado anterior. Por el contrario, un instrumento de muerte lenta por asfixia como la cruz, que fue usada para ajusticiar a un hombre que había dicho amaos los unos a los otros, simboliza a toda una religión y su historia”, reflexiona Fonseca.
Otro espacio que le ha atraído mucho es el del diseño editorial, en el cual trabajó en buenos proyectos con una generación de grandes diseñadoras, como Mónica Boselin, de Imax, y Beatriz Sepúlveda, de Doblegiro. “Grandes diseñadoras de editar diseñando”, dice él.
Como editor de libros ha entrado y salido. En el 80 hizo El espacio de acá, libro de Ronald Kay sobre la obra de Eugenio Dittborn, que para el mundo del arte y de la vanguardia fue emblemático y ahora 25 años después lo reeditó Metales Pesados. Otro libro fue Anteparaíso de Raúl Zurita, con poemas que escribió en Nueva York.
“Estando en Diseñadores Asociados, en los 90, publiqué cinco libros, tres de ellos de literatura experimental, de poesía, de mujeres”, recuerda, agregando que al salir de la empresa, que creó junto a Alex González, debió dejar también la edición de libros.
Más recientemente, en 2004, editó un libro de Paz Errázuriz, con toda su obra, que diseñó buscando el no diseño, como solución para que fotos y textos fueran protagónicos, con algunos detalles que lo dejaron muy satisfecho.
La edición fue importante en la trayectoria de Diseñadores Asociados, donde Mario Fonseca fue un puntal a la hora de innovar, especialmente en el trabajo que hizo para las revistas Mundo y Gourmand.
Luego vendría su trabajo con Eugenio Tironi, cuando pensaba que no haría más diseño, por lo que le extrañaba cada vez que el sociólogo y experto en comunicación le hablaba del “diseño de la estrategia”, pues para Fonseca el diseño era una cosa y la estrategia era otra. “Pero me di cuenta que cuando se decía diseñar la estrategia, todos entendían y podíamos pasar al punto siguiente”, explica, vislumbrando por esos años que el diseño podía tener que ver con algo más que aquello que él pensaba.
De esta sociedad, a propósito de la comunicación estratégica, Mario Fonseca dice haber aprendido numerosas técnicas que no harían más que darle más valor a su formación profesional, aprendiendo no solo nuevos contenidos sino formas de abordar su carrera.
Algo similar le ocurriría más tarde como independiente, pero en asociaciones puntuales con profesionales como Gonzalo Castillo. Escuchando a este último hablar de su trabajo para el Metro, al que había que “diseñarle un programa de servicio”, él pensaba que se trataba del folleto del programa de actividades. Pero no.
“Él hablaba de la forma en que se relaciona la empresa con el usuario, cómo se establecen parámetros acerca del servicio que se brinda en las estaciones, en los vagones. Y eso pasa tanto por el diseño como por la ingeniería y el marketing”, comenta.
El diseño es entonces, y así lo ve ahora Fonseca, una función muy amplia. Por eso piensa que las trayectorias de los diseñadores en un futuro no muy lejano se van a medir por esto también, y no solo por el número de imágenes, o por tal o cual logotipo.
Cree que van a ser tanto o más importantes las estrategias, las funcionalidades y las gratificaciones sociales y de los clientes y usuarios. Dice que va a haber que estar, en los próximos años, más atentos al currículo de diseñadores diferentes a los clásicos para premiar la trayectoria.
“Habrá que fijarse en aquellos que estén introduciendo por ejemplo cambios en la manera de entender un negocio, porque eso ya tiene que ver con el diseño, aunque sea a partir de un análisis muy numérico”, dice el flamante Premio Chile Diseño 2011 a la Trayectoria.
Esta trayectoria tiene mucho de lo que él ha hecho por la disciplina como por la actividad, pues fue su gran unión con otros diseñadores emblemáticos, también premiados, como Vicente Larrea, Alex González y Rodrigo Walter, y otros también importantes en su carrera, lo que le permitió estar más que involucrado en el nacimiento y en la evolución del QVID.





